Un viajero perdido se quedó dormido en la sombra de un cerezo y luego de un rato lo despertó
el bullicio de un jóven ciego y tres ancianas más antiguas que el viento.

Ellas eran Imaginación, una obesa parlanchina. Pasión, de eterna belleza. Y Curiosidad,
la buscadora de historias. Ilusión, el jóven invidente, jamás dejaba de sonreír.

Curiosidad tomó las pertenencias del viajero e Imaginación y Pasión lo retaron a un viaje en busca de cosas que no existían y antes de partir Ilusión le dio una bolsa de semillas de cerezo
para que las sembrara en el camino de regreso.

Todo lo que vivió el hombre en aquella travesía hizo que sus objetos perdieran valor. Y entendió que las tres viejas, junto al ciego, eran seres abandonados por la humanidad,
pero que la humanidad necesitaba.

Desde entonces, Imaginación le pone retos al hombre, Curiosidad le hace indagar en los misterios del mundo y Pasión lo seduce hasta volverlo casi loco. Y jamás morirá mientras aquellos seres toquen su fandango y lo alimenten con cerezos cada vez que los visita.